El próximo sábado 11 de junio de 2016 estaré en la caseta de la EDITORIAL HUERGA & FIERRO, 139, de la Feria del Libro de Madrid, firmando ejemplares del nuevo libro que publico, LA COLUMNA ROTA. Un libro en el que transcribo con palabras los cuadros de la gran FRIDA KAHLO. Os espero.
miércoles, 1 de junio de 2016
LA COLUMNA ROTA.- FIRMA EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID
El próximo sábado 11 de junio de 2016 estaré en la caseta de la EDITORIAL HUERGA & FIERRO, 139, de la Feria del Libro de Madrid, firmando ejemplares del nuevo libro que publico, LA COLUMNA ROTA. Un libro en el que transcribo con palabras los cuadros de la gran FRIDA KAHLO. Os espero.
martes, 4 de noviembre de 2008
PRESENTACIÓN A LA POESÍA DE VERÓNICA ARANDA
- CAFÉ LIBERTAD 03 / 11 / 2008 -
Leer a Verónica significa nadar en un océano donde los tiempos se confunden, donde el lector se encuentra en la misma ciudad que la autora, aunque transitándola en tiempos distintos, porque sus poemas llegaron con el siglo y lo estrenan por el atardecer. En su poesía hay un diálogo constante entre Oriente y Occidente, entre la historia de la humanidad y el “tú” al que tan desesperadamente se aferra la autora en sus poemas, como se tratara de una tabla de salvación. En sus versos podemos sentir la soledad del que aguarda mensajes “llegados en botellas legendarias”. Podemos intuir esa distancia tan inmensa que nos separa a todos, esa distancia en la crecen los dátiles del tiempo, y que se resume en ese verso maravilloso de la autora que dice: “Ayer anochecía en Kathmandú…”
Verónica recrea las ciudades que ha visitado, transformándolas en literatura bajo su mirada de poeta. Ella guarda en su interior una radiografía de cada ciudad que visita. Luego, siguiendo cada uno de los huesos de esa ciudad, cada nervio, cada huella; trepa por su columna vertebral y nos regala una isla en la que se reflejan las marejadas de nuestro interior.
La autora, conjuga perfectamente el ritmo del poema con la descripción interior y exterior del mundo. Sus poemas son como un paseo a las orillas del Ganges, donde los antepasados dialogan con nuestros recuerdos, donde la morena de la copla “tiene un fondo de puñales lanzados al vacío”, donde "la libertad era un tranvía rojo que cruzaba Lisboa", donde la literatura es esa "distancia exacta entre lo milenario y la renuncia".
En definitiva, la poesía de Verónica Aranda tiene “algo de mito griego y de caballos soltados a la Toscana”, tiene un trasfondo de guitarras, de “arrabales donde convergen todos los silencios”. Es, en suma, una poesía íntima, que describe y recrea cada uno de nuestros lugares interiores. Sus poemas son, dicho con palabras de la autora, como barcos “a punto de zarpar a las Antillas”.
jueves, 7 de febrero de 2008
Presentación a "Las Versiones del Tigre", por Ana García Cejudo

Antes de pasar a presentar el libro "Las versiones del tigre", de Ángela Álvarez, es ineludible que pase por comentar un par de detalles de estos otros libros que he tenido el placer de leer con motivo de esta presentación -me refiero a Espiral y La torre de las tortugas- en los que existe ya un universo propio en el que los sentidos, tanto de quien escribe como de quien recibe sus palabras, se sitúan en un primer plano. Existe ya un lenguaje que busca la imagen directa, que la entrega sin titubeos para que sea vista, oída, tocada, sentida tal cual es:
Antes de las palabras y del tiempo
Cuando el lenguaje era su propio significado
Así, las palabras fluyen como un acto natural, como la respiración o el latido. Como dice en espiral, en un fragmento de “la escritura”:
La vasta biblioteca laboriosa
Y parece alejar los anaqueles;
Fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo,
Él irá por su selva y su mañana
Y marcará su rastro en la limosa
Margen de un río cuyo nombre ignora
(en su mundo no hay nombres ni pasado
Ni porvenir, sólo un instante cierto)
Sin buscar, ni mucho menos, la relación entre la autora con cualquier otro u otra autora, no al menos a un nivel comparativo, me gustaría apuntar esta relación como una relación natural: no hay duda que unos libros llaman a otros, y que los que escriben tienen una comunicación entre lo que han leído, visto, sentido, y su propia creación literaria- que es siempre única. Dicho esto, no hay duda que lo escrito está también (además de la relación que pueda existir entre autores dispares) en contacto con el propio acto de nombrar que es, como ya he apuntado, una de las intenciones del Arte poética como tal: en palabras de la autora:
Y sobre todo un juego de imágenes, de símbolos y significados, entre la pura experiencia y la ensoñación. Es más, yo diría que se mantiene permanentemente una puerta abierta entre estos estratos, que se presentan como cuadros, escenas, historias completas, y que a la vez formulan entre todas un dibujo total, una visión total de los personajes o el personaje que encierran sus páginas. El sueño entra y se sale del sueño, pero no hay una delimitación clara entre el lo que es reflejo y lo que es el cuerpo que lo hace posible.
De este modo da comienzo el libro (con estas palabras): Entrando en el sueño.
Una vez en su interior hay también sueños.
Como en El sacrificio, cuando dice:
Mis dedos se podrían enamorar de tus dientes. Esto también lo ha soñado. El brujo se lo dice a la mujer en una jaula con barrotes de agua.
Hay golpes de ironía, como en las Abluciones:
Es necesaria la ablución obsesiva después de haber bebido tanta sangre de cristo.
Hay reencuentros: como el encuentro con la infancia en Los recuerdos:
La mujer comienza a trepar por la enredadera detrás de la niña.
Y hay distancias:
Como en La intolerancia cuando dice:
Aunque uno de los cuerpos esté encima del otro, no se rozan.
Me refiero a pasajes como en la inmortalidad:
El miedo le obliga a cazar ranas y a obsesionarse con la búsqueda. El miedo echa raíces hacia dentro de su ombligo.
Y en El estudioso:
El loco mueve el agua del indígena. El indígena revuelve la biblioteca del estudioso. Es estudioso se vuelve loco. Desaprender.
Donde la tensión entre contrarios termina apuntando hacia el desconcierto y la inutilidad del amontonamiento de la sabiduría- o la saturación.
Por último, aunque bien podría haber empezado por aquí, las diferentes escenas de las que está compuesto el libro, la estructura que nos conduce, podría- o yo lo he visto así- entenderse como una suerte de espiral que pasa en movimiento por imágenes que resultan tremendamente familiares o cercanas- y para las que, sin embargo, no sabríamos qué palabras elegir.
Me encantaría cerrar con una cita, ya que así también se cierra el libro, de una autora Alejandra Pizarnik, que también se buscaba en ese espejo que es la literatura.
“deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.”
Ana García Cejudo
(Nota: la imagen es de Marina R. Vargas)
Presentación de Verónica Aranda a mi poesía

La poesía de Ángela Álvarez Sáez, como en los mejores mitos griegos, parece “el regreso de un laberinto a otro laberinto más antiguo en el que no existía ninguna salvación” y donde “la noche caía como un círculo.” Así, lo primero que llama la atención cuando abrimos un libro suyo es la increíble corriente onírica que se mueve como por arte de magia o a través de elegantes malabarismos, que nos va arrastrando y transportando a lo largo de las páginas.
La atmósfera de los poemas de Ángela tiene algo de película de Buñuel, Passolini o Lars Von Trier, entre la magia de lo visual y el poder de lo simbólico; hay asimismo algo de cuadro de Hopper, casas aisladas cuya “escalera de caracol se llena de luciérnagas”; un grito espiral de Munch, ante los miedos, representados en la forma de un tigre calvo, sin dientes y de “vértigo escanciando zumo de azalea en los interiores;” una imaginería de cuadro de Dalí donde “los días transcurren como relojes parados” porque “los cuervos han picoteado las manecillas” y donde la “sensación de pérdida levanta los adoquines y humedece la cal de las paredes” o un capricho de Goya donde una niña sueña con una procesión de monstruos, burros y frailes y una hilandera le teje un ajuar.
Pero el espacio y el tiempo en la poesía de Ángela van mucho más allá de lo aparentemente bíblico, sobrenatural, mitológico o vanguardista. Sus versos se sitúan en un mapamundi que abarca toda la historia de la humanidad, en su sucesión de épocas y civilizaciones, perpetuo diálogo entre Oriente y Occidente. La autora habla de rituales que logran traspasar el inconsciente de la literatura, recuerda el éxodo y es capaz de doblar las palabras “como un hierro candente.”
Al igual que la memoria del muerto y la del loco, la poesía de Ángela Álvarez Sáez está compuesta de miles de instantáneas, se edifica a base de ricos símbolos como torres de tortugas que encerraran todo un universo dentro del caparazón, de ahí sus infinitas lecturas e interpretaciones, su capacidad para construir imágenes siempre nuevas, sinestesias que se pueden palpar, como girasoles que se abren dentro de la boca del lector u hogazas de pan que se parten en dos sobre la mesa de nuestros antepasados, en unas coordenadas donde la escritura y la palabra, consciente de su plasticidad y poder, se convierte “en un verdadero acto de fe”. Porque, en definitiva y como dice magistralmente la poeta, la poesía no es más que “Lo que dejamos atrás y lo que olvidaremos; el imperio perdido de las tortugas.”