jueves, 13 de octubre de 2011

TÓTEM Y TABÚ




Unas líneas sobre un trabajo que escribí hace años sobre un análisis de lo sagrado tomando como referencia los trabajos de Freud y Durkheim, que creo que ha influido en mi poesía:


"CONCEPTO DE TÓTEM Y TABÚ.

El totemismo es un sistema que en algunos pueblos primitivos de Australia, América y África reemplaza a la religión y constituye la base de la organización social. Según Sigmund Freud en su libro Tótem y tabú, al analizar las costumbres y la organización de los aborígenes de Australia, se da cuenta de que éstos no construyen casa ni cabañas sólidas, no cultivan el suelo, no poseen ningún animal doméstico, tampoco tienen reyes ni jefes, los asuntos son resueltos por la asamblea de los hombres adultos, además es muy dudoso que pueda atribuírseles una religión rudimentaria bajo la forma de un culto tributado a seres superiores. Freud apunta que las tribus australianas se dividen en grupos más pequeños, clanes, cada uno de los cuales lleva el nombre de su tótem, que suele ser un animal comestible, y a veces una planta o fuerza natural, que se hallan en una relación particular con la totalidad del grupo. El tótem es un antepasado del clan y su espíritu protector, envía oráculos a sus hijos y les protege en casos de peligro. Los individuos que poseen el mismo tótem están sometidos a la sagrada obligación de respetar su vida y de abstenerse de comer su carne o aprovecharse de él en cualquier otra forma, su violación trae consigo un castigo automático. El tótem se transmite hereditariamente, generalmente por la vía materna. Además la subordinación al tótem sobrepasa la debida a la tribu y relega a un segundo término el parentesco de sangre.
Según Durkheim en su libro Las formas elementales de la vida religiosa, Mc Lennan fue el primero que intentó incorporar el totemismo a la historia general de la humanidad, según este autor muchos usos y costumbres existentes en diferentes sociedades antiguas y modernas debían ser considerados como supervivencia antigua de una época totémica. Otro autor, Wundt, sigue este planteamiento, expresando que la cultura totémica ha constituido en todas partes una fase preliminar del desarrollo ulterior y un estadio de transición entre la humanidad primitiva y la época de los héroes y los dioses. S. Reinach, formuló un “Código del totemismo” en doce artículos, en los cuales establecía que cuando el animal, tótem, es sacrificado ritualmente, es solemnemente llorado, por ejemplo, o también que el animal tótem defiende y protege a los miembros del clan. Frazer, en su libro Totemism and exogamy, define tótem como un objeto material al que el salvaje testimonia un supersticioso respeto porque cree que entre su propia persona y cada uno de los objetos de dicha especie existe una particularísima relación que es recíproca. El tótem protege al hombre y el hombre manifiesta su respeto hacia el tótem de distintas formas, por ejemplo, no matándole cuando es un animal o no cogiéndole cuando es una planta. El tótem se distingue del fetiche en que no es nunca un objeto único, como lo es este último, sino una especie animal o vegetal, con menos frecuencia una clase de objetos inanimados, y más raramente aún una clase de objetos artificialmente fabricados. Además, según este autor, existen tres variedades de tótem, el de la tribu, que se transmite hereditariamente de generación en generación, que es el tipo de tótem por excelencia del que se derivan las otras dos clases: el tótem particular a un sexo y el tótem individual, que pertenece a una sola persona y no se transmite a sus descendientes.
Podemos resumir diciendo que el totemismo es un sistema a la vez religioso y social. Según Freud, desde el punto de vista religioso, consiste en relaciones de respeto y de mutua consideración entre el hombre y el tótem, y desde el punto de vista social, en obligaciones de los miembros de clan entre sí y con respecto a otras tribus, como por ejemplo que los miembros de una división totémica no podían establecer contacto sexual con los del sexo opuesto pertenecientes al mismo tótem.

La palabra tabú es polinesia. Para nosotros tiene dos significaciones opuestas, por un lado significaría lo sagrado o consagrado, y por el otro, lo inquietante, peligroso, prohibido o impuro. El concepto de tabú entraña la idea de reserva, y se manifiesta esencialmente en prohibiciones y restricciones, que llevan aparejado el temor a lo sagrado. Según Freud, las restricciones tabúes se diferencian de las prohibiciones puramente morales o religiosas, en que no emanan de ningún mandamiento divino, sino que extraen de sí su autoridad, y que carecen de todo fundamento, ya que su origen es desconocido, incomprensibles para nosotros, aunque parecen naturales a aquellos que viven bajo su imperio. El tabú puede definirse como una serie de limitaciones, como por ejemplo, la prohibición de comer determinados alimentos, a las que se someten los pueblos primitivos, ignorando sus razones, y sin preocuparse siquiera de investigarlas, pero considerándolas como cosa natural y convencidos de que su violación los atraería los peores castigos.
Según Wundt, tabú es todos los usos en que se manifiesta el temor inspirado por determinados objetos relacionados con las representaciones del culto y por los puros actos con ellos enlazados. Para este autor, tabú es una manifestación de la creencia en poderes demoníacos, no siendo si no una objetivización del temor al poder demoníaco que se suponía oculto en el objeto tabú, después se desliga de esa raíz, pero sigue constituyendo una poder en virtud de una especie de inercia psíquica, formando así la raíz de nuestras propias prescripciones morales y de nuestras leyes. Para Wundt, la idea primitiva de tabú no entraña una separación de los conceptos sagrado e impuro, sino que el temor al contacto con el tabú es desdoblado en veneración y execración cuando se pasa de la creencia en los demonios a la de los dioses. Para Freud, Wundt no se remonta a las raíces del concepto porque el miedo a los demonios son creaciones psíquicas del hombre, así, Freud, tratará de explicar los tabúes basándose en la técnica del psicoanálisis.



EL TABÚ Y LA AMBIVALENCIA DE LOS SENTIMIENTOS. LA CONCIENCIA MORAL. –FREUD-

En su libro Tótem y tabú, Freud dedica un capítulo a exponer las analogías que se dan entre los tabúes y las prohibiciones obsesivas de la neurosis. Según Freud, en el psicoanálisis, es decir, en la investigación de la parte inconsciente de nuestra vida psíquica, hay casos en que las personas se han creado por sí mismas prohibiciones tabúes individuales y que las observan tan rigurosamente como el salvaje las restricciones de su tribu o de su organización social, a estas personas las denomina neuróticos obsesivos.
De la comparación del tabú con las prohibiciones obsesivas, Freud extrae una serie de analogías. La primera análoga es la carencia de toda motivación y el enigma de sus orígenes, es decir, que los tabúes y las prohibiciones de los neuróticos, surgieron repentinamente, un día, y desde entonces el sujeto se ve obligado a observarlos bajo la coerción de una irreprimible angustia. La segunda analogía es que en ambas restricciones se da la prohibición principal del contacto, es decir, “ponerse en contacto con algo” (esto se asemeja al “delire de toucher”, en el que el placer y la prohibición se refiere a los propios genitales, y que ha sido observado clínicamente en neurosis obsesivas), todo aquello que orienta las ideas del sujeto hacia lo prohibido, esto es, lo que provoca un contacto puramente mental o abstracto con ello, queda tan prohibido como el contacto material directo. Una tercera analogía es la de que algunas prescripciones o prohibiciones nos resultan comprensibles y otras inexplicables o absurdas, como por ejemplo los ceremoniales. La cuarta analogía es la de la transmisión o desplazamiento de la prohibición. Por último, la quinta analogía es la de que las privaciones y restricciones que aportan las prohibiciones tabúes pueden ser levantadas por la realización de determinados actos que tienen un carácter también obsesivo y son actos de arrepentimiento, expiación, purificación y defensa, como lo es la ablución obsesiva o los ceremoniales de los primitivos para expiar un tabú en los que normalmente interviene el agua.
Se puede resumir la coincidencia entre el tabú y las prohibiciones obsesivas en la falta de motivación de las prescripciones, su imposición por una necesidad interna, su facultad de desplazamiento y contagio, y por último, la causación de actos ceremoniales y de prescripciones emanadas de las prohibiciones mismas.

Ahora bien, para Freud, los tabúes y las prohibiciones obsesivas tienen un origen común, esto es, nacen de la ambivalencia de los sentimientos, de la actitud ambivalente de un sujeto y de los pueblos primitivos en los cuales sé de un conflicto entre la prohibición, que es consciente, es decir, el horror que el objeto o el acto le inspira, y la tendencia, que es inconsciente, el sujeto la desconoce pero siente el deseo de realizar el acto prohibido. En el desarrollo clínico de la neurosis se ha descubierto que esta se rige por la ley de la asociación, la tendencia prohibida se va desplazando para escapar de la prohibición a otros objetos y actos sustitutivos, pero la prohibición sigue estos desplazamientos y recae en los nuevos fines elegidos. Freud señala que la base del tabú es un acto prohibido a cuya realización impulsa una enérgica tendencia localizada en lo inconsciente. El que realiza el acto prohibido viola el tabú y se hace tabú a su vez, porque posee la facultad peligrosa de incitar a los demás a seguir su ejemplo, es decir, inducir en la tentación de infringir la prohibición, por lo que el sujeto resulta contagioso.
Como resumen de lo comprendido del tabú tras su comparación con la prohibición obsesiva del neurótico, Freud dice que el tabú es una prohibición muy antigua dirigida contra los deseos más intensos del hombre (aunque esto es indemostrable), que la tendencia a transgredirla persiste en lo inconsciente, que los hombres que obedecen al tabú observa una actitud ambivalente con respecto a aquello que es tabú, que la fuerza mágica atribuida al tabú se reduce a su poder de inducir al hombre en tentación, se comporta como un contagio porque el ejemplo es siempre contagioso y porque el deseo prohibido se desplaza sobre otros objetos, y que la expiación de la violación de un tabú por renunciación prueba que es un renunciación lo que constituye la base del tabú.

Para demostrar la coincidencia entre el tabú y la neurosis obsesiva en su parte fundamental, Freud analiza un grupo de prescripciones relativas a enemigos, jefes y muertos para comprobar si en ellas se dan también tendencias ambivalentes:

a) Conducta para con los enemigos: la consumación del homicidio de un enemigo impone, en los pueblos primitivos, una serie de prescripciones como son la reconciliación con el enemigo muerto o la práctica de determinadas ceremonias. En estas prescripciones se manifiesta, según Freud, su arrepentimiento por haberlo matado y el temor al espíritu del muerto, por lo que se comprueba que existe una ambivalencia de sentimientos con respecto al enemigo.
b) El tabú de los soberanos: La actitud de los pueblos primitivos hacia sus jefes, reyes y sacerdotes se halla regida por dos principios: el súbdito debe preservarse de ellos y también debe protegerles. En el ceremonial tabú de los reyes se da en apariencia una expresión del más absoluto respeto, pero en realidad es un castigo por dicha elevación y una venganza que los súbditos se toman del rey por los honores que le han concedido, esto se asemeja al acto obsesivo en la neurosis que es aparentemente una defensa contra lo prohibido, pero en realidad es la reproducción de lo prohibido. La ambivalencia afectiva se da tanto en la neurosis, exceso de cariño para ahogar la hostilidad inconsciente, y en los salvajes, veneración y divinización, pero también una desconfianza que se demuestra en los tabúes.
c) El tabú de los muertos: Una de las prohibiciones que más sorprende es la de no pronunciar el nombre del muerto, cuando el difunto llevaba un nombre idéntico al de un animal o un objeto, algunas veces estos pueblos les daban un nombre nuevo a dicho animal u objeto, para que nada en la conversación les recordase al fallecido. Esta prohibición se extiende y hace que se evite hablar de todo aquello en lo que el muerto intervino, aunque a veces adoptan costumbres compensadoras, como es la de resucitar los nombres de los muertos después de un largo duelo y dárselo a los recién nacidos. Esto es así porque los salvajes ven en el nombre una parte esencial y una propiedad importante de la personalidad y atribuyen un pleno valor objetivo a las palabras, esto es parecido a la neurosis obsesiva, ya que los neuróticos muestran una total sensibilidad de complejos con respecto al enunciado o la percepción auditiva de determinadas palabras y derivan de su actitud un gran número de rigurosas coerciones. Pero, ¿por qué incluso los muertos más queridos se transforman en demonios? Para Freud, igual que en la neurosis se da un deseo inconsciente de la muerte de alguien cuya hostilidad se disimula detrás de un tierno amor, en los salvajes la hostilidad inconsciente como satisfacción producida por la muerte del ser amado queda exteriorizada y atribuida al muerto mismo, el remordimiento de haber sentido hostilidad se manifestará por medio de la proyección, en forma de privaciones que el sujeto se impondrá disfrazándolas bajo la forma de medidas de protección contra el demonio hostil, por lo que también aquí se da la ambivalencia de los sentimientos.

Freud va más allá y analiza también en el libro Tótem y tabú la naturaleza y el origen de la conciencia moral, basándose en la conciencia tabú, que constituye, según el autor, la formación más antigua de la conciencia moral, y que se deriva de la trasgresión de un tabú (remordimiento tabú). La conciencia moral es la percepción interna de la repulsa de determinados deseos. Esta repulsa no tiene porqué invocar razones ningunas y posee una plena seguridad de sí misma. Todo aquel que posee una conciencia moral debe hallar en sí mismo la justificación de dicha condena y debe verse impulsado por una fuerza interior a reprocharse determinados actos. Para Freud, la conciencia moral presenta una gran afinidad con la angustia, que nace de lo inconsciente. La psicología demuestra, según dicho autor, que cuando se ha dado una represión de deseos, la libido de los mismos queda transformada en angustia. En la conciencia moral también hay algo desconocido e inconsciente, esto es, la razones de la represión y de la repulsa de determinados deseos. Freud se basa en las investigaciones psicoanalíticas de los sueños de personas sanas para afirmar que la tentación de matar es más fuerte en las personas de lo que creemos, además algunas prohibiciones obsesivas de determinados neuróticos, no son sino castigos que los enfermos se inflingen a sí mismos porque sienten la tentación de matar, que existe en lo inconsciente; el tabú, como el mandamiento moral, se justifica por una actitud ambivalente con respecto al impulso hacia el homicidio.
Freud concluye diciendo que el tabú no es una neurosis, sino una formación social y que el predominio de las tendencias sexuales sobre las sociales constituye un rasgo característico de la neurosis, pero que estas mismas tendencias sociales han nacido de la mezcla de elementos egoístas y eróticos.

lunes, 9 de mayo de 2011

XXV Concurso Literario Memorial Florencio Segura ICADE


"Primer Premio de poesía:
Título del trabajo: Deshaciendo huellas.
Autor: Fadrique Balmaseda (5º E-3)

Segundo Premio de poesía:
Título del trabajo: El dolor o Frida Kahlo.
Autor: Ángela Álvarez Sáez (Antigua alumna)

Mención de honor:

Título del trabajo: David.
Autor: Agustín Ostos Robina (Alumno 3º E-1)"

La entrega de premios será el miércoles 11 de ayo de 2011, a las 12:30 horas, en el Aula de Conferencias de ICADE (Calle Alberto Aguilera). Por la tarde, a las 19:30 horas, habrá un recital en el que leerán los premiados en el Aula Polavieja.

jueves, 10 de febrero de 2011

AMASANDO POESÍA


Recital de poesía

Fusión de poesía, música y vino. Poesía de sabores con fondo musical. Durante el recital, habrá una degustación de vinos, afín a la poética de cada autora.

Poetas: Ana Gorría y Ángela Álvarez Sáez

Y la maravillosa cantautora: Rosalía Roio

Jueves, 10 de febrero · 20:00 - 21:30

A Punto Librería Gastronómica
C/ Pelayo, 60 (metro: Chueca / Alonso Martínez)
Madrid, Spain


http://www.trespies.com/rosalia/


http://www.youtube.com/watch?v=queC1wjXaRA&feature=related


http://www.apuntolibreria.com/

martes, 14 de diciembre de 2010

PREMIO ADONÁIS 2010

Desde aquí mi enhorabuena al ganador y a los dos accésit del Premio Adonáis. Así como al resto de los finalistas que estuvimos en el Acto en el que se proclamó el Premio el día 13 de diciembre.



Datos del último Premio Adonáis concedido
El Jurado del Premio Adonáis compuesto por:
Carmelo Guillén Acosta
Joaquín Benito de Lucas
Julio Martínez Mesanza
Eloy Sánchez Rosillo

En su reunión del 13 de diciembre de 2010, acordó otorgar el Premio Adonáis de Poesía 2010 a:
– José Gutiérrez Román, por su obra
Los pies del horizonte.

Asimismo otorgó accésits a:
– Francisco Javier Burguillo López, por su obra
Musa de fuego.
Y a:
– Alberto Chessa, por su obra
La osamenta.

FINALISTAS ADONÁIS 2010:

- La Osamenta. Alberto Sánchez.
- La Consagración del otoño. Miguel Ángel Feria.
- El aleteo de los peces. Ángela Álvarez Sáez.
- Hiberna, hibernorum. Joaquín Juan Penalva.
- Dimensión de la frontera. Álex Chico.
- La victoria en la derrota. José Luis Sevillano Martínez.
- Los pies del Horizonte. José Gutiérrez.
- Musa de Fuego. Francisco Javier Burguillo.
- Antes de la batalla. José Luis de la Cuesta.


Datos de los ganadores
Los pies del horizonte
José Gutiérrez Román
José Gutiérrez Román (Burgos, 1977). Ha obtenido el premio "Letras Jóvenes de Castilla y León": en 2000 y 2004 con los poemarios Horarios de ausencia y Alguien dijo tu nombre, y en 2005 en la modalidad de narrativa. Ganador del premio de poesía "Jóvenes Creadores" (Salamanca) en 2002. Algunos de sus poemas están recogidos en diversas revistas y antologías como "El Extramundi y los papeles de Iria Flavia"; "Calamar", "Fábula y "Mala vida" (México).

Residió en Peniche (Portugal) en el año 2002, donde realizó el Servicio de Voluntariado Europeo.

Durante el curso 2006-2007 disfrutó de la beca Valle Inclán de creación literaria en la Real Academia de España en Roma.

En 2008 participó en el festival internacional de poesía "Cosmopoética" (Córdoba) como poeta emergente.

Es colaborador habitual del blog de crítica literaria "La tormenta en un vaso".

Móvil: 609405158

josegr77@hotmail.com
image Subir

Accésits
Musa de fuego
Francisco Javier Burguillo López
Francisco Javier Burguillo López (Salamanca, 1980). Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y Doctor en Literatura Española. Dedica gran parte de su tiempo a leer y estudiar textos españoles del Siglo de Oro, sobre todo de teatro y de poesía, géneros a los que ha dedicado algunos trabajos de investigación. Reside en Salamanca, pero ha estudiado y trabajado en otras universidades españolas y europeas, donde ha impartido también algunas charlas y comunicaciones sobre estas materias.

Escribe poesía desde hace más de diez años. En 2009 se presentó al Premio Adonáis y fue seleccionado como finalista. En esta ocasión presenta de nuevo una antología de los textos escritos en este tiempo, mejorando significativamente la versión anterior, pero conservando el mismo título de entonces.

Móvil: 617495684

jburguillo@usal.es
La osamenta
Alberto Chessa
Alberto Chessa (nombre literario con el que Alberto Sánchez firma todos sus trabajos desde hace quince años) nació en Murcia en 1976 y, en la actualidad, vive a caballo entre Madrid y su ciudad natal.

Se licenció en Filología Hispánica y se diplomó en Cinematografía y Artes Audiovisuales. Cursó asimismo un doctorado en Comunicación Audiovisual y los másters en Historia y Estética de la Cinematografía y en Gestión Cultural. Con su cortometraje de fin de carrera El mono de Hamlet participó, entre otros certámenes, en la sección competitiva del Festival Incurt de Europa y el Mediterráneo.

Trabaja desde hace años en el terreno de la gestión y el periodismo cultural. Al respecto, conviene destacar su paso por el Círculo de Bellas Artes de Madrid (2005-2009), en calidad de programador del Cine Estudio, así como de redactor jefe y locutor de Radio Círculo.

Como poeta, ha publicado versos en revistas como Nayagua, Las razones del aviador y El coloquio de los perros. Ésta es la segunda vez (la primera fue en 2005) que alcanza la final del Premio Adonáis de Poesía, y lo hace con su primer libro: La osamenta.


Móvil: 636890938

albertochessa@gmail.com
image Subir

viernes, 26 de noviembre de 2010

RECITAL DE POESÍA EN EL CAFÉ EL DESPERTAR

El jueves 9 de diciembre de 2010 a las 20:00 horas, Verónica Aranda y Angela Álvarez, ofrecerán un recital de poesía en el Café El Despertar (Calle TOrrecilla del Leal, 18, Madrid). La entrada es libre.


http://www.cafeeldespertar.com/programacion.html

jueves, 2 de septiembre de 2010

Estación de los lobos



Estación de los lobos.

Una mujer egipcia se peina el cabello a las orillas del Nilo.
Velo blanco. Corales en la noche.
O tal vez una emoción toma cuerpo, se alarga, da luz sobre los dos amantes.
Autómatas que danzan al unísono, hasta que un reflejo muestra el despertar
de los lobos en su retina.

jueves, 15 de enero de 2009

Palabras



Lo que podéis leer a continuación lo escribí hace más de dos o tres años, lo he encontrado olvidado en una carpeta de mi ordenador, y he pensado que tal vez a alguien le podía apetecer leerlo.-

Entre el sueño y la vigilia voy abandonando un prado violeta en el que unas mujeres egipcias se cepillan el cabello. La luz que entra por la ventana es de un amarillo sucio, pegajosa. En la mesilla de noche hay una pluma de pájaro naranja. La cojo entre mis dedos y juego con ella, imaginando que es un objeto mágico. Una pluma que puede modificar el tiempo, hacer que vaya de atrás hacia delante, y a la inversa, que se estire y se encoja y se tense como un arco hasta que desaparezca. Una pluma que me haga regresar a aquella primera vez en que mis ojos miraron fuera del líquido amniótico, que me lleven a esa habitación desde la que se verá toda la ciudad durmiendo el sueño de las bestias (toda ciudad tiene el vientre repleto de garras salvajes) y en la que tú descansarás a mi lado, como si no hubiese sucedido nada. Es como si en este momento yo supiese todo lo que ha ocurrido y va a ocurrir en mi vida. Me he convertido en un narrador omnisciente. Y sin embargo, este punto de vista subjetivo por ser la persona que es narrada. Miro el reloj. El tiempo vuelve a concentrarse entre sus tres agujas. Son las once de la mañana.
Salgo a la calle y deambulo por la ciudad buscando algo en qué pensar. El semáforo se cierra y me paro automáticamente. Veo pasar un hombre con un abrigo hasta los pies, el pulso en mis dedos se acelera. Cuando el hombre se gira, descubro que no es él. Las manos las siento frías. El semáforo está en verde y yo avanzo con los músculos sonámbulos. Desde mi encuentro con el hombre del parque no he podido dejar de buscarle de manera inconsciente. Incluso creo que va a aparecer en la cocina de mi casa o en mi dormitorio. Es una sensación extraña. El tiempo fluye y casi no me doy cuenta. Sólo noto las pulsaciones de mis pensamientos nadando hacia el hombre del parque. Un velo se ha expandido ante mis ojos. Todo lo que miro me parece digno de ser amado (también digno de que lo narre, amor y literatura). Las hojas que caen como barcos de una leyenda, los rayos de sol en el rostro. Una mujer se ha detenido a mi lado y me mira por debajo de unas gafas de sol. La reconozco, es una de las tres personas que estaban en el parque. Es una mujer de mediana edad, pelo rubio, esbelta, con un perfil trágico. Lleva los labios color cereza. Me dice en un tono casi imperceptible:

- Creí que no te encontraría. Desde el otro día…

Se quita las gafas de sol con un movimiento nervioso y así puedo ver sus ojos azules (me hacen pensar en el mar que aparece en mis sueños, un mar agitado, poderoso, con la boca llena de espuma.) La mujer me ha cogido del brazo y yo me dejo guiar por ella. Avanzamos por una calle, más bien estrecha, que desemboca en unos jardines. Atravesamos un laberinto de arbustos y llegamos a un café con el frontal de madera lacado en rojo y unos ventanales muy amplios. Nos sentamos en un velador con dos sillas de hierro.

- Cuánto tiempo ha pasado desde…- Su voz enmudece, como si estuviese esperando a que yo dijera unas palabras de alivio.- Creí que el mar habría podido al final con tu idealismo. Pero parece ser que me equivoqué. ¿Recuerdas? Siempre decías que la próxima vez que nos viésemos tú serías toda agua, agua a raudales, que borrarías así todos los deseos… No pensé que fueses a mirar como un escritor.

La miro como quien mira un fuego en medio del océano. Ella se da cuenta y cambia el tono de la conversación.

- ¿Fuiste al final a Méjico? – Me dice. Y yo casi no recuerdo cuándo fue la última vez en que pensé en aquella idea de escapar.

- Todavía estamos a tiempo de ir.- Me mira con unos ojos casi líquidos - Siempre hay tiempo. Siempre queda tiempo.- Repite de manera misteriosa y algo melodramática.

El camarero se acerca a nosotras. Es un chico con aspecto francés. Ojos y cara lánguida. El camarero se va con la bandeja de cristal.

- Ese camarero…- me dice la mujer- Parecía francés. Era tan parecido a aquel chico de la costa. ¿Recuerdas aquel verano? El baile al final de la playa. Y tú queriendo olvidar, mientras el mar iba y venía. La luna muy arriba. Luego pasó aquello…- Se calla a mitad de la frase. Sabe que prohibimos hablar de lo que ocurrió.- Fue un verano extraño. Y eso que hizo un tiempo inigualable. Las noches parecían haberse convertido en un manto rojo, como el de los reyes o los santos.

Entre ella y yo siento que sólo queda distancia. Estamos viviendo dentro de las cuatro paredes de un recuerdo. Creí que nunca se lo perdonaría. Aunque tal vez ella nunca haya sido consciente.

El camarero viene con nuestras bebidas. Ella roza su mano cuando le va a servir el vodka. Parece tan lejos de mí. Creo que si gritase no llegaría a oírme.

Observo cómo se enciende uno de sus cigarrillos. Sus ojos, ahora lo recuerdo, son piedras templadas por la luna. El humo que sale de su boca es denso. Sé lo que está pensando. Eso siempre la ha hecho vulnerable. Ella lo sabe y me odia por ello. Su cuerpo parece una colmena columpiándose al borde de un acantilado, con la miel derramándose eternamente sin llegar nunca a colmar el mar que yace en el fondo del precipicio.

Muy cerca, casi puedo notar su pulso, se sienta una niña con su madre. Su pulso es lento. La niña se balancea con un ritmo dulce y juega con una muñeca de trapo, mientras habla con ella. Su madre, una mujer de mediana edad, con medias negras, falda recta y zapatos de tacón, tiene un cigarro en la mano. Está mirando a través del ventanal del café, diluyéndose entre sus pensamientos como un líquido espeso. En un momento determinado, la mujer no aguanta más, coge a la niña del brazo y desaparecen sin dejar rastro. Yo diría que se desvanecieron, aunque eso no sea posible en términos científicos ni reales. Tal vez, no estaban en esa mesa cercana a la nuestra. Antes dije que podía notar el pulso de la niña. Tal vez, estuvimos en el mismo punto de la historia, pero en dos tiempos que no coincidían. Pero esto no son más que suposiciones. El hecho objetivo es que la madre y la niña estaban y ahora ya no están. Y este hecho ha dejado un rastro de nostalgia dentro de mi mente. Una sensación a lámina de plomo adaptada a mi piel. Esa sensación, unida a una determinada intensidad de la luz del medio día que entra por el ventanal situado a mi izquierda, dibuja dentro de mis ojos las imágenes de un sueño que tuve hace unos años. Las imágenes se van superponiendo unas a otras, sin saber cuál de ellas va primero. Los sueños siempre vuelven en espirales de calor y de frío. Estoy en una habitación. Presiento que es una de las miles de habitaciones de un palacio abandonado. Por debajo de las puertas empieza a filtrarse un charco de sombra. Mis pies están mojados. Me subo a la cama de matrimonio y un hombre casi transparente se sienta de espaldas a mí. Está llorando. Cuando acerco mi mano a su nuca, la figura se desintegra en escorpiones y mariposas amarillas. Hay una escopeta al lado de la mesilla. El hombre coge la escopeta. Lleva una máscara sin agujeros en los ojos. Yo estoy embarazada. La cabeza del niño empieza a salir de mi cuerpo. El hombre apunta la escopeta directamente a mi cabeza. Va a disparar. El niño va saliendo, parece una larva. Dispara.

Las imágenes se van de mis ojos. Ella sigue enfrente de mí. Cada vez me parece más carnal, aún así me mira de una manera ingenua. El tiempo ya no es un niño solitario, el tiempo se ha convertido en una tribu de salvajes que trata de arrancarnos las vísceras para ofrecérselas a un dios.

La he atrapado. Fue difícil la caza. Ella tiene muy desarrollado el sentido de la orientación. Se sabe cada atajo, cada rincón de mi memoria. Y al fin conseguí someterla a las órdenes del recuerdo. En un principio, ella trató de escapar, creía que las cuatro paredes no serían muy consistentes, pero se equivocó. He de confesar que tuve la ayuda de mi sentido de culpabilidad, él fue el que me ayudó a acorralarla, y a hacer que viviese para siempre dentro de esas cuatro paredes blandas. Así se mantiene hermosa y trágica. Y a veces, incluso, se parece al océano.