martes, 12 de febrero de 2008

Recitales


Durante el año pasado di una serie de recitales en Madrid, algunos de ellos gracias a la Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid, por ejemplo di un recital en el Centro Juvenil Galileo, en El Café del Despertar en dos ocasiones, una de ellas con motivo de la noche en blanco participé en un maratón poético, y también en la Casa del Libro de Gran Vía, dentro del ciclo poético titulado Los jueves poéticos en la Casa del Libro.

También di un recital junto con Ana Isabel Conejo en el Colegio Mayor Isabel de España, dentro de los encuentros poéticos titulados Séptimo viaje de invierno.

En Leganés también ofrecí un recital en el Café la invierna, un café muy acogedor y bohemio, que invitaba a la poesía.

http://www.lainvierna.com/historial.htm

Por último, recité en el Café Libertad, de gran tradición poética y musical.

http://www.libertad8cafe.es/nuestrosartistas.php?ini=%C3%81&id=439

Después de haber dado todos esos recitales, echo en falta la pasión por la poesía en Madrid, los recitales no se llenan (en el que más gente vino a verme, que yo no conociese, fue en Leganés). Es una pena que sólo tus conocidos vengan a los recitales. Incluso, gente muy consagrada en el mundo de la poesía, se quedan solos en sus recitales. He de decir, que he visto mucho más apego por la poesía en Andalucía, siempre que allí he acudido a algún acto poético, o he recogido un premio, se llenaba la sala, al contrario que en Madrid. Supongo que aquí tenemos una sobresaturación de actos y poca publicidad. Aún así, aquí queda mi queja.

Las Versiones del Tigre (Ed. Vitruvio, 2007)


Este libro me lo publicaron el año pasado en ediciones Vitruvio. En una de las primeras páginas aparece la siguiente nota del editor: "Las versiones del tigre es un profundo homenaje a Jorge Luis Borges, amparada en el mítico tigre del escritor argentino, Ángela Álvarez ha sabido construir una prosa poética muy personal, brillante y lúcida". COn este libro quedé finalista en el I Premio de poesía Margarita Hierro. Os dejo con alguno de sus poemas en prosa:

Los recuerdos

En el interior de la casa hay un patio con una fuente en el medio. El patio es rectangular. Sin embargo, en la mirada de la mujer tiene forma de círculo –aunque el lugar es el mismo, la mujer lo percibe como una sucesión de momentos-. La mujer da una vuelta alrededor de la fuente y se encuentra con una niña que trepa por una enredadera que conduce a la infancia. La mujer llama a la niña y ésta, después de mirarla con sus mismos ojos, desaparece por el tejado. La mujer, sorprendida por el suceso, decide dar otra vuelta alrededor de la fuente. Esta vez no aparece nadie. Pero unos versos se le agolpan en la boca. La sensación de pérdida levanta los adoquines y humedece la cal de las paredes. La mujer quiere huir de ese recuerdo y da una tercera vuelta. La frescura del aljibe despliega en el balcón un mapa con un camino trazado. Antes de que la mujer logre memorizar la ruta, el mapa desaparece. Los recuerdos están colgados en unas perchas que salen del techo. Parece un tendedero de pescado. La mujer cierra los ojos y siente el patio como es: rectangular, con el empedrado, los tiestos colgados de las ventanas, los cántaros y los tres escalones irregulares que dan a la cocina. La mujer se duerme dentro del murmullo del agua. Y sueña con una niña que tiene sus mismos rasgos. La mujer comienza a trepar por la enredadera detrás de la niña.


Los antihéroes

A los antihéroes se les conoce por su andar indeciso, con un pie siempre más retrasado que el otro y por su cabeza inclinada hacia la búsqueda. El antihéroe se toma un café por las mañanas, va al baño en los restaurantes y exhibe públicamente sus miedos, colgados del pomo de la entrada o de sus ademanes torpes. El antihéroe se define a sí mismo como una persona normal, pero en realidad está construido con los pedazos rotos de la palabra creencia. Un pedazo de guión de una película independiente. Un trozo de vanguardia, otro de novelas desestructuradas. Un pedazo de yo fragmentado o de consulta psicoanalítica. Un sobrenombre surrealista o el apartamento de un neurótico. Los antihéroes, como su propio nombre indica, tienen las cualidades contrarias a las de los héroes: no son guapos, no son musculosos, no son valientes, ni mucho menos el yerno que toda madre querría tener. Muchos antihéroes suelen llevar cordones en los zapatos y gafas de pasta. Son tímidos, compulsivos y fetichistas de los pies. Sus sueños son diurnos y son tan cobardes que no se atreven a montarse en las atracciones de las ferias. Incluso les da miedo coger a su hijo recién nacido y prefieren observar su fragilidad detrás de un cristal. Los antihéroes tienen el pulso tembloroso y siempre tiran el caldo encima de la mujer gorda. Cuando éstos caminan por la calle parecen estar atravesando bosques muy densos y tienen la costumbre de no pisar las líneas que se forman debido a las intersecciones de los adoquines. En la literatura se expresan mediante un monólogo interior desorganizado e incoherente. Y su falta de moral les hace ir en busca de algo que dé sentido y lo pierden en el intento. A los antihéroes se les conoce por su andar indeciso y por su cabeza inclinada hacia la búsqueda. ¿Qué es lo que han perdido? Los antihéroes van buscando su mitad divina. Porque aunque ellos no quieran reconocerlo, hoy en día son tratados como verdaderos héroes, algo que obviamente no son, al ser su mitad mortal más fuerte de lo que los dioses habían imaginado cuando se les ocurrió engendrarlos. A los antihéroes les asustan los relojes y los perros, les gusta la comida china y se toman un güisqui antes de terminar este texto. Los antihéroes se pierden entre los espacios en blanco del poema. Mitad hombre. Mitad sentido de pérdida.


(Nota: la imagen es obra de David Escalona)

lunes, 11 de febrero de 2008

El día que nevó sobre el naranjo (Ed. La Palma)


La antología El día que nevó sobre el naranjo, fue publicada por Ediciones La Palma, y en él se aunaban poemas de los escritores que compartimos la beca de la Fundación Antonio Gala en el mismo curso.

En esa antología hay diez poemas-relatos míos. Cinco pertenecen al libro Espiral (con el que he quedado finalista en algunos certámenes de poesía, si bien no he llegado a publicarlo al completo) y otros cinco al libro de poemas Las versiones del tigre.

El primer poema de los que he colgado a continuación, es un poema dedicado a la memoria de mi tía Tere, que murió de cáncer, aunque también puede hacerse una lectura de él referente al miedo en general, ese miedo circular y asfixiante que nos invade a todos en algunos momentos de la vida, sin que no lo haya habido ningún detonante. Os dejo con los poemas, que son casi relatos:

Los miedos

La cabeza está calva. La silueta de una mujer sin pelo dibujada en un cristal. La ventana está calva. Detrás el día es tormenta. La tarde a punto de estallar como una bomba de agua. El estruendo no se produce. Tan sólo es un a punto de. La mujer está calva. En la cabeza tiene una cicatriz. Cinco centímetros de muerte. La muerte está calva. La muerte es una reina calva que desciende un tobogán. La mujer calva toma antidepresivos. Tiene una mancha en la cabeza. La mancha es un reflejo de la herida. Y las imágenes reflejadas no provienen de los espejos –aunque esa sea la creencia mayoritaria.- La herida no se ve. La mujer tiene una herida que late en sus sienes. Una herida que no tiene mapa ni brújula. Que aflora en la cabeza calva. La herida es de la naturaleza de los recuerdos. La mujer calva no sabe olvidar. Mira a través del cristal y descubre que al otro lado hay un tigre. El tigre no toma antidepresivos. La mujer calva tiene miedo de un tigre que no toma antidepresivos. El tigre está en una jaula de cristal con forma de lluvia. La mujer tiene miedo de un tigre enjaulado. Y el tigre quiere tocar la cicatriz de la cabeza de la mujer pero se lo impide un cristal. La mujer sabe que el tigre quiere tocar sus cinco centímetros de muerte y llora hasta secarse por dentro. La reina calva tiene miedo del tigre que quiere quedarse dentro de la jaula. Los toboganes cada vez son más altos. La pendiente es cada vez más empinada. Y la reina calva no sabe caer. Tampoco hay mapas que enseñen a caer. La mujer calva está a punto de, otra vez. No hay más elementos. La muerte, el tigre, la mujer. Todo gira alrededor de ellos. La mujer se olvida del tigre. El tigre se olvida de la muerte. La muerte se olvida de. La mujer recuerda una ventana. Mira hacia dentro de la ventana. La herida recuerda el dolor y la reina recuerda el tobogán. El tigre abre la boca. No tiene colmillos. La mujer sabía que el tigre no tenía colmillos. El tigre mira la tarde que está a punto de. El tigre tiene miedo de la mujer. En el cristal solo está dibujado un tigre calvo.


Los interiores

Un hotel al lado del mar. Parece un barco que parte sin hacer el más mínimo movimiento. Es de noche. Las farolas están encendidas y las escaleras de caracol se llenan de luciérnagas. Las paredes le parecen más amarillentas. Todo más decadente –como su literatura-. Las ruinas que pueblan la memoria. Las ruinas de la memoria. Alguien le sonrió en aquel lugar hace cientos de años. Su figura recortada contra un muro de arena que se le viene encima. La primera vez que estuvo aquí, en esta descripción, el hotel estaba aislado. Sólo se comunicaba con la civilización por un hilo de nailon que no tenía la consistencia suficiente para estar cerca de ninguna parte. Sin embargo, ahora estamos mirando este mismo hotel y los ojos sienten los obstáculos de otras construcciones contiguas. Casas de veraneo para extranjeros, pistas de tenis y parques con una lluvia muy fina que sube sin cesar por los toboganes. Señor, la maleta. No trae equipaje. Ni tampoco dinero. Pero sabe que tiene el tiempo justo y que puede que sea la última vez. No quiere lastres. Solo el recuerdo de una fisura divide el suelo en diversas formas irregulares– le trae a la memoria una película de Bergman-. El olor a cera quemada. Habrán hecho una hoguera con todos los maniquíes que sobraron. La habitación doscientos diecinueve, la misma que la última vez. Pero él no es el mismo. Eres consciente de que has cambiado, de que sigues cambiando. Gira la llave y al empujar hacia abajo el pomo de la puerta, abre los ojos y los siente entumecidos porque hace mucho que los tenía cerrados.

La habitación tiene una pared de cristal. Se acerca hacia ella lentamente. Y cada vez siente más ese vértigo que le contrae el pecho y no le deja respirar. De nuevo la pared de cristal, el mar como una alfombra mágica y aquel vértigo escanciando zumo de azalea por el suelo de la habitación. No quiere seguir avanzando. Le da miedo reconocerse a sí mismo mirando desde fuera.

(Nota: La imagen es obra de Marina R. Vargas)

Metales en la voz (Ed. Vitruvio, 2006)


I Premio Gran Hotel Canarias

Metales en la voz, fue el primer libro que publiqué, tras ganar el Certamen de Poesía organizado por el Gran Hotel Canarias (el único, porque no volvió a convocarse). Como fue mi primer libro, y aunque creo que desde entonces ha madurado mi poesía, le tengo un cariño especial.

El jurado destacó del mismo "su imaginación y su claridad en la exposición de la soledad y el paso del tiempo".

A continuación podéis leer una muestra de los poemas del libro:

Viento enhebrado a la orilla del mar, prendido de uno de los múltiples pechos de la noche. Has llevado todos los dioses en tu voz. Y aún así no has encontrado el lugar que tan ávidamente buscabas. Una luz se detiene, ingrávida, a tu lado. Espera una respuesta.

* * *

Voces del tiemo ancladas en una plaza de mar, en el mástil d un barco que partió hace años. Alas transparentes desde donde no hay regreso posible. Los pájaros hablan el lenguaje de los que se marcharon. Flexible es su mirada. Río de voces tu memoria.

* * *

En esta noche de ventanas encendidas en alguna parte, he soñado con una mujer que vendía cestas de naranjas y tomillo en una calle de Shangai. Y al amanecer un tren de mercancías inició su recorrido hacia el sur de la memoria.

* * *

Y tu voz, un metal claro en la noche, qe sube, trepa por mi cuerpo desde la roja geometría del vértigo. Una pradera verde por la que cabalga un caballo tan azul como el cielo. Así tu voz y mi miedo. Somos peces enredados en las raíces verdes de los nombres y es imposible saber qué es lo que existía antes del lenguaje. Dímelo tú, con tu voz. Un metal claro en la noche.

Dónde su pueden obtener mis libros



De los libros que tengo publicados los más fáciles de conseguir son los siguientes:

La Torre de las Tortugas:

Donde seguro que lo tienen es en Hiperión: C/ Salustiano Olózaga, 14 de Madrid.

También lo tienen en la Casa del Libro:
- Gran Vía, núm. 29 de Madrid
- Alcalá, 96 de Madrid

Por internet:

http://www.casadellibro.com/fichas/fichabiblio/0,,2900001160805,00.html?codigo=2900001160805&nombre=LA%20TORRE%20DE%20LAS%20TORTUGAS

http://www.libreriacamara.com/pub/cam/asp/cam_pub__lib.asp?p=L0900000582


http://www.enciclo.com/index.php?option=com_commerce&page=product_info.php&&products_id=225023&osCsid=a5cd55f5ec6f9c29aefe44acc3648e7a


http://www.rinbro.com/cgi-bin/bookinfo.pl?idb=2921&title=La%20Torre%20De%20Las%20Tortugas%0A%0A


http://www.popularlibros.com/libros/LA-TORRE-DE-LAS-TORTUGAS/L1330000409/978-84-7517-887-5

http://www.libreriaproteo.es/ver_libro.php?id=409465

http://www.agapea.com/LA-TORRE-DE-LAS-TORTUGAS-n643439i.htm

http://www.artemisleon.com/cgi-vel/homero/WFICHA-LIBRO.pro?COD-LIBRO=229123


Las versiones del tigre:

Donde suelen tenerlo es en la Casa del Libro (C/ Gran Vía, 29 de Madrid o C/ Alcalá, 96 de Madrid), y si no quedan y se pide, seguro que lo traen.

Por internet:


http://www.casadellibro.com/fichas/fichabiblio/0,,2900001168626,00.html?codigo=2900001168626&nombre=LAS%20VERSIONES%20DEL%20TIGRE

http://www.codigobarras.com/es_ES/compra/oferta/de_angela_alvarez_saez/las_versiones_del_tigre/34188312.html

http://www.priceminister.es/offer/buy/22546385/Las-Versiones-Del-Tigre-Libro.html


jueves, 7 de febrero de 2008

Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores


Durante el curso 2005-2006 (cuarta promoción), residí en la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, en Córdoba, al haber obtenido una de beca de literatura. Y quien mejor para describir del esíritu de la Fundación sino el propio Antonio Gala, copio a continuación sus palabras: "En el Convento del Corpus Christi, construido y crecido biológicamente en Córdoba, en el siglo XVII, donde durante siglos se levantó la reflexión y el amor más espiritual, se instalarán las ansias, los deseos, los proyectos, el temblor y la luz de jóvenes creadores que llevarán después, vayan adonde vayan, el fértil recuerdo de su estancia. De ahí que el lema de la casa sea un versículo del Cantar de los Cantares: Pone me ut signaculum super cor tuum. Y así, cuando el éxito, o la mejor plenitud, los embarguen, podrán reconocerse unos a otros. Porque en el mismo lugar se sedimentó y floreció su arte, se produjo y alumbró su solidaridad, se codeó con otros su inspiración, y los invadió la hermosura de la misma ciudad y las caricias exteriores e interiores de un clima semejante. Con todo el fervor de mi corazón así anhelo que sea. Entre otras razones, porque no conozco mejor inmortalidad que la de ser recordado, con afecto y respeto, por quienes nos sucedan.”

Todo el mundo me pregunta cuando se enteran de que he estado en la Fundación que qué era realmente lo que hacía allí. Y nunca sé muy bien cómo contestar a esa pregunta. Siempre empiezo contando que vivíamos en un lugar precioso, lo que fue un convento en otra época, que tenía patios interiores con fuentes. Cada uno de los residentes (en mi promoción éramos 19), tenía una habitación propia, con baño incorporado y unas vistas impresionantes de todo Córdoba. Cada uno nos dedicábamos a un aspecto distinto de la creación: literatura, pintura, escultura o música, y aprendíamos unos de otros. ¿Que si había clases, cursos, etc.? No. De vez en cuando íbamos a exposiciones o recitales, pero no había clases. ¿Entonces qué hacíamos? Esta es la pregunta complicada, porque realmente no teníamos ninguna obligación en todo el día. La beca consiste en darte todo el tiempo que necesites para crear. No todo el mundo entiende la ventaja que esto supone para un creador, te regalan TIEMPO. No tener que estar con la cabeza en miles de cosas que tienes que hacer, la universidad o el trabajo, etc. Tienes todo un año para crear. Allí nadie te enseñaba nada, pero aprendías mucho, de los demás o de lo que investigabas por tu cuenta. Fue un año, aunque aparentemente tranquilo, intenso interiormente.

¿Qué más puedo decir de la Fundación? Que fue un año inolvidable, que gracias a la Fundación hice amigos que todavía conservo, que a partir de ese año empecé a ESCRIBIR. Y los momentos malos, se olvidaron hace tiempo. Sin ese año en la Fundación no sería la persona que actualmente soy.

Para quien quiera más información:

http://www.fundacionantoniogala.org/detalle.php?id=70&idpromo=1

X y XI Certamen de Poesía Mujeres Creadoras


Dos años consecutivos gané el Certamen de Poesía Mujeres Creadoras, organizado por el Ayuntamiento de Baena. En el año 2006, lo hice con la serie de poemas titulado Casa de Tablas, que eran unos poemas dedicados al pueblo de mis padres, Cadalso de los Vidrios, en la provincia de Madrid. En el año 2007, lo gané con la obra titulada Samarcanda. A continuación podéis leer una muestra de las anteriores obras:

Casa de Tablas

1

La casa de mis abuelos

tenía una higuera que señalaba hacia el norte

en el adviento y los días de guardar.

También tenía

una parra con uvas silvestres

que caían en cestos de mimbre

desde una fecha impar de la posguerra.

Antes de que yo naciera

mi padre jugaba con soldaditos de plomo

en el empedrado de la plaza

donde un día perdió su identidad

entre la carne dura del membrillo.

Y de la acedera áspera del hambre

creció a manojos

el aroma verde del jabón de lagarto.


2

En las noches furtivas de diciembre

mi madre sembraba trigo

sobre un colchón de lana,

mientras tomaba un té amargo en Marruecos

recordando a los amantes

que nunca tuvo,

o visitando ciudades exóticas

con nombres agrios como Bogotá

escritos en el aroma a mostaza

de los libros prestados.


4

En el lugar más alto de la sierra

los musulmanes vigilaban

un cruce de caminos.

Allí el deseo sembró espigas de menta

en las manos posibles de una monja.

Mientras los siglos

iban dejando huellas de cipreses

en el pulso irregular de la vida.



Samarcanda

7

Tu nombre de miel y cáscara de naranja

irrumpió en mi cuerpo como la luz

que ilumina las ruinas de una iglesia.

Hay entre nuestros cuerpos

miles de judíos errantes

que recorren un destierro

de ciudades perdidas.

Caminos que nunca llevan

al próximo oriente.

Pulseras de perlas negras y corales.

Reinos perdidos en múltiples batallas.

10

Me llevo a la boca tu nombre a racimos.

Los gajos van dejando un rastro de centauros,

de fuentes arabescas y seres mitológicos.

Las moras que coloqué en el valle de tu espalda,

yacen ahora inertes

como un papiro escrito en una lengua muerta.


(Nota: la foto pertenece al Palacio de Villena, en Cadalso de los Vidrios)