jueves, 10 de febrero de 2011

AMASANDO POESÍA


Recital de poesía

Fusión de poesía, música y vino. Poesía de sabores con fondo musical. Durante el recital, habrá una degustación de vinos, afín a la poética de cada autora.

Poetas: Ana Gorría y Ángela Álvarez Sáez

Y la maravillosa cantautora: Rosalía Roio

Jueves, 10 de febrero · 20:00 - 21:30

A Punto Librería Gastronómica
C/ Pelayo, 60 (metro: Chueca / Alonso Martínez)
Madrid, Spain


http://www.trespies.com/rosalia/


http://www.youtube.com/watch?v=queC1wjXaRA&feature=related


http://www.apuntolibreria.com/

martes, 14 de diciembre de 2010

PREMIO ADONÁIS 2010

Desde aquí mi enhorabuena al ganador y a los dos accésit del Premio Adonáis. Así como al resto de los finalistas que estuvimos en el Acto en el que se proclamó el Premio el día 13 de diciembre.



Datos del último Premio Adonáis concedido
El Jurado del Premio Adonáis compuesto por:
Carmelo Guillén Acosta
Joaquín Benito de Lucas
Julio Martínez Mesanza
Eloy Sánchez Rosillo

En su reunión del 13 de diciembre de 2010, acordó otorgar el Premio Adonáis de Poesía 2010 a:
– José Gutiérrez Román, por su obra
Los pies del horizonte.

Asimismo otorgó accésits a:
– Francisco Javier Burguillo López, por su obra
Musa de fuego.
Y a:
– Alberto Chessa, por su obra
La osamenta.

FINALISTAS ADONÁIS 2010:

- La Osamenta. Alberto Sánchez.
- La Consagración del otoño. Miguel Ángel Feria.
- El aleteo de los peces. Ángela Álvarez Sáez.
- Hiberna, hibernorum. Joaquín Juan Penalva.
- Dimensión de la frontera. Álex Chico.
- La victoria en la derrota. José Luis Sevillano Martínez.
- Los pies del Horizonte. José Gutiérrez.
- Musa de Fuego. Francisco Javier Burguillo.
- Antes de la batalla. José Luis de la Cuesta.


Datos de los ganadores
Los pies del horizonte
José Gutiérrez Román
José Gutiérrez Román (Burgos, 1977). Ha obtenido el premio "Letras Jóvenes de Castilla y León": en 2000 y 2004 con los poemarios Horarios de ausencia y Alguien dijo tu nombre, y en 2005 en la modalidad de narrativa. Ganador del premio de poesía "Jóvenes Creadores" (Salamanca) en 2002. Algunos de sus poemas están recogidos en diversas revistas y antologías como "El Extramundi y los papeles de Iria Flavia"; "Calamar", "Fábula y "Mala vida" (México).

Residió en Peniche (Portugal) en el año 2002, donde realizó el Servicio de Voluntariado Europeo.

Durante el curso 2006-2007 disfrutó de la beca Valle Inclán de creación literaria en la Real Academia de España en Roma.

En 2008 participó en el festival internacional de poesía "Cosmopoética" (Córdoba) como poeta emergente.

Es colaborador habitual del blog de crítica literaria "La tormenta en un vaso".

Móvil: 609405158

josegr77@hotmail.com
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Accésits
Musa de fuego
Francisco Javier Burguillo López
Francisco Javier Burguillo López (Salamanca, 1980). Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y Doctor en Literatura Española. Dedica gran parte de su tiempo a leer y estudiar textos españoles del Siglo de Oro, sobre todo de teatro y de poesía, géneros a los que ha dedicado algunos trabajos de investigación. Reside en Salamanca, pero ha estudiado y trabajado en otras universidades españolas y europeas, donde ha impartido también algunas charlas y comunicaciones sobre estas materias.

Escribe poesía desde hace más de diez años. En 2009 se presentó al Premio Adonáis y fue seleccionado como finalista. En esta ocasión presenta de nuevo una antología de los textos escritos en este tiempo, mejorando significativamente la versión anterior, pero conservando el mismo título de entonces.

Móvil: 617495684

jburguillo@usal.es
La osamenta
Alberto Chessa
Alberto Chessa (nombre literario con el que Alberto Sánchez firma todos sus trabajos desde hace quince años) nació en Murcia en 1976 y, en la actualidad, vive a caballo entre Madrid y su ciudad natal.

Se licenció en Filología Hispánica y se diplomó en Cinematografía y Artes Audiovisuales. Cursó asimismo un doctorado en Comunicación Audiovisual y los másters en Historia y Estética de la Cinematografía y en Gestión Cultural. Con su cortometraje de fin de carrera El mono de Hamlet participó, entre otros certámenes, en la sección competitiva del Festival Incurt de Europa y el Mediterráneo.

Trabaja desde hace años en el terreno de la gestión y el periodismo cultural. Al respecto, conviene destacar su paso por el Círculo de Bellas Artes de Madrid (2005-2009), en calidad de programador del Cine Estudio, así como de redactor jefe y locutor de Radio Círculo.

Como poeta, ha publicado versos en revistas como Nayagua, Las razones del aviador y El coloquio de los perros. Ésta es la segunda vez (la primera fue en 2005) que alcanza la final del Premio Adonáis de Poesía, y lo hace con su primer libro: La osamenta.


Móvil: 636890938

albertochessa@gmail.com
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viernes, 26 de noviembre de 2010

RECITAL DE POESÍA EN EL CAFÉ EL DESPERTAR

El jueves 9 de diciembre de 2010 a las 20:00 horas, Verónica Aranda y Angela Álvarez, ofrecerán un recital de poesía en el Café El Despertar (Calle TOrrecilla del Leal, 18, Madrid). La entrada es libre.


http://www.cafeeldespertar.com/programacion.html

jueves, 2 de septiembre de 2010

Estación de los lobos



Estación de los lobos.

Una mujer egipcia se peina el cabello a las orillas del Nilo.
Velo blanco. Corales en la noche.
O tal vez una emoción toma cuerpo, se alarga, da luz sobre los dos amantes.
Autómatas que danzan al unísono, hasta que un reflejo muestra el despertar
de los lobos en su retina.

jueves, 15 de enero de 2009

Palabras



Lo que podéis leer a continuación lo escribí hace más de dos o tres años, lo he encontrado olvidado en una carpeta de mi ordenador, y he pensado que tal vez a alguien le podía apetecer leerlo.-

Entre el sueño y la vigilia voy abandonando un prado violeta en el que unas mujeres egipcias se cepillan el cabello. La luz que entra por la ventana es de un amarillo sucio, pegajosa. En la mesilla de noche hay una pluma de pájaro naranja. La cojo entre mis dedos y juego con ella, imaginando que es un objeto mágico. Una pluma que puede modificar el tiempo, hacer que vaya de atrás hacia delante, y a la inversa, que se estire y se encoja y se tense como un arco hasta que desaparezca. Una pluma que me haga regresar a aquella primera vez en que mis ojos miraron fuera del líquido amniótico, que me lleven a esa habitación desde la que se verá toda la ciudad durmiendo el sueño de las bestias (toda ciudad tiene el vientre repleto de garras salvajes) y en la que tú descansarás a mi lado, como si no hubiese sucedido nada. Es como si en este momento yo supiese todo lo que ha ocurrido y va a ocurrir en mi vida. Me he convertido en un narrador omnisciente. Y sin embargo, este punto de vista subjetivo por ser la persona que es narrada. Miro el reloj. El tiempo vuelve a concentrarse entre sus tres agujas. Son las once de la mañana.
Salgo a la calle y deambulo por la ciudad buscando algo en qué pensar. El semáforo se cierra y me paro automáticamente. Veo pasar un hombre con un abrigo hasta los pies, el pulso en mis dedos se acelera. Cuando el hombre se gira, descubro que no es él. Las manos las siento frías. El semáforo está en verde y yo avanzo con los músculos sonámbulos. Desde mi encuentro con el hombre del parque no he podido dejar de buscarle de manera inconsciente. Incluso creo que va a aparecer en la cocina de mi casa o en mi dormitorio. Es una sensación extraña. El tiempo fluye y casi no me doy cuenta. Sólo noto las pulsaciones de mis pensamientos nadando hacia el hombre del parque. Un velo se ha expandido ante mis ojos. Todo lo que miro me parece digno de ser amado (también digno de que lo narre, amor y literatura). Las hojas que caen como barcos de una leyenda, los rayos de sol en el rostro. Una mujer se ha detenido a mi lado y me mira por debajo de unas gafas de sol. La reconozco, es una de las tres personas que estaban en el parque. Es una mujer de mediana edad, pelo rubio, esbelta, con un perfil trágico. Lleva los labios color cereza. Me dice en un tono casi imperceptible:

- Creí que no te encontraría. Desde el otro día…

Se quita las gafas de sol con un movimiento nervioso y así puedo ver sus ojos azules (me hacen pensar en el mar que aparece en mis sueños, un mar agitado, poderoso, con la boca llena de espuma.) La mujer me ha cogido del brazo y yo me dejo guiar por ella. Avanzamos por una calle, más bien estrecha, que desemboca en unos jardines. Atravesamos un laberinto de arbustos y llegamos a un café con el frontal de madera lacado en rojo y unos ventanales muy amplios. Nos sentamos en un velador con dos sillas de hierro.

- Cuánto tiempo ha pasado desde…- Su voz enmudece, como si estuviese esperando a que yo dijera unas palabras de alivio.- Creí que el mar habría podido al final con tu idealismo. Pero parece ser que me equivoqué. ¿Recuerdas? Siempre decías que la próxima vez que nos viésemos tú serías toda agua, agua a raudales, que borrarías así todos los deseos… No pensé que fueses a mirar como un escritor.

La miro como quien mira un fuego en medio del océano. Ella se da cuenta y cambia el tono de la conversación.

- ¿Fuiste al final a Méjico? – Me dice. Y yo casi no recuerdo cuándo fue la última vez en que pensé en aquella idea de escapar.

- Todavía estamos a tiempo de ir.- Me mira con unos ojos casi líquidos - Siempre hay tiempo. Siempre queda tiempo.- Repite de manera misteriosa y algo melodramática.

El camarero se acerca a nosotras. Es un chico con aspecto francés. Ojos y cara lánguida. El camarero se va con la bandeja de cristal.

- Ese camarero…- me dice la mujer- Parecía francés. Era tan parecido a aquel chico de la costa. ¿Recuerdas aquel verano? El baile al final de la playa. Y tú queriendo olvidar, mientras el mar iba y venía. La luna muy arriba. Luego pasó aquello…- Se calla a mitad de la frase. Sabe que prohibimos hablar de lo que ocurrió.- Fue un verano extraño. Y eso que hizo un tiempo inigualable. Las noches parecían haberse convertido en un manto rojo, como el de los reyes o los santos.

Entre ella y yo siento que sólo queda distancia. Estamos viviendo dentro de las cuatro paredes de un recuerdo. Creí que nunca se lo perdonaría. Aunque tal vez ella nunca haya sido consciente.

El camarero viene con nuestras bebidas. Ella roza su mano cuando le va a servir el vodka. Parece tan lejos de mí. Creo que si gritase no llegaría a oírme.

Observo cómo se enciende uno de sus cigarrillos. Sus ojos, ahora lo recuerdo, son piedras templadas por la luna. El humo que sale de su boca es denso. Sé lo que está pensando. Eso siempre la ha hecho vulnerable. Ella lo sabe y me odia por ello. Su cuerpo parece una colmena columpiándose al borde de un acantilado, con la miel derramándose eternamente sin llegar nunca a colmar el mar que yace en el fondo del precipicio.

Muy cerca, casi puedo notar su pulso, se sienta una niña con su madre. Su pulso es lento. La niña se balancea con un ritmo dulce y juega con una muñeca de trapo, mientras habla con ella. Su madre, una mujer de mediana edad, con medias negras, falda recta y zapatos de tacón, tiene un cigarro en la mano. Está mirando a través del ventanal del café, diluyéndose entre sus pensamientos como un líquido espeso. En un momento determinado, la mujer no aguanta más, coge a la niña del brazo y desaparecen sin dejar rastro. Yo diría que se desvanecieron, aunque eso no sea posible en términos científicos ni reales. Tal vez, no estaban en esa mesa cercana a la nuestra. Antes dije que podía notar el pulso de la niña. Tal vez, estuvimos en el mismo punto de la historia, pero en dos tiempos que no coincidían. Pero esto no son más que suposiciones. El hecho objetivo es que la madre y la niña estaban y ahora ya no están. Y este hecho ha dejado un rastro de nostalgia dentro de mi mente. Una sensación a lámina de plomo adaptada a mi piel. Esa sensación, unida a una determinada intensidad de la luz del medio día que entra por el ventanal situado a mi izquierda, dibuja dentro de mis ojos las imágenes de un sueño que tuve hace unos años. Las imágenes se van superponiendo unas a otras, sin saber cuál de ellas va primero. Los sueños siempre vuelven en espirales de calor y de frío. Estoy en una habitación. Presiento que es una de las miles de habitaciones de un palacio abandonado. Por debajo de las puertas empieza a filtrarse un charco de sombra. Mis pies están mojados. Me subo a la cama de matrimonio y un hombre casi transparente se sienta de espaldas a mí. Está llorando. Cuando acerco mi mano a su nuca, la figura se desintegra en escorpiones y mariposas amarillas. Hay una escopeta al lado de la mesilla. El hombre coge la escopeta. Lleva una máscara sin agujeros en los ojos. Yo estoy embarazada. La cabeza del niño empieza a salir de mi cuerpo. El hombre apunta la escopeta directamente a mi cabeza. Va a disparar. El niño va saliendo, parece una larva. Dispara.

Las imágenes se van de mis ojos. Ella sigue enfrente de mí. Cada vez me parece más carnal, aún así me mira de una manera ingenua. El tiempo ya no es un niño solitario, el tiempo se ha convertido en una tribu de salvajes que trata de arrancarnos las vísceras para ofrecérselas a un dios.

La he atrapado. Fue difícil la caza. Ella tiene muy desarrollado el sentido de la orientación. Se sabe cada atajo, cada rincón de mi memoria. Y al fin conseguí someterla a las órdenes del recuerdo. En un principio, ella trató de escapar, creía que las cuatro paredes no serían muy consistentes, pero se equivocó. He de confesar que tuve la ayuda de mi sentido de culpabilidad, él fue el que me ayudó a acorralarla, y a hacer que viviese para siempre dentro de esas cuatro paredes blandas. Así se mantiene hermosa y trágica. Y a veces, incluso, se parece al océano.

martes, 25 de noviembre de 2008

La Tribuna de Ciudad Real




Extracto de una noticia aparecida en la prensa (La Tribuna de Ciudad Real, día 22 de noviembre de 2008.)



RECITAL
Aranda y Álvarez definen la POESÍA como un viaje interior
Las poetisas madrileñas hicieron un recorrido por sus obras, impregnadas de experiencias vividas y de mundos imaginarios en torno a poemas cargados de plasticidad y musicalidad
MARTA MOYA / CIUDAD REAL

Las poetisas Verónica Aranda y Ángela Álvarez dejaron ayer patente en el recital que ofrecieron en el Aula Abierta que la juventud no está reñida con la experiencia, algo que ambas han sabido plasmar en sus diferentes obras, sin por ello renunciar a la imaginación o la fantasía, elementos que impregnan sus poemas cargados de imágenes y de musicalidad.

Ángela Álvarez fue la primera en recitar algunos de sus trabajos, escogiendo para empezar uno de sus últimos poemas titulado Compartimento C, coche 193, e inspirado en el cuadro de Edward Hopper, tras el que continuó con un viaje por los sentidos a través de La torre de las tortugas, hasta llegar al plano metafísico de la mano de Las versiones del tigre.

Por su parte, Verónica Aranda comenzó leyendo poemas casi de sus adolescencia, fruto de su primer viaje a la India, en los que recoge los impactantes paisajes del país, junto al contraste entre tradición y modernidad que presenta, además de recitar algunos poemas inéditos de su regreso hace escasos días.

Asimismo, Aranda hizo un recorrido por su trabajo Tatuaje, que como su nombre indica es un homenaje al mundo de la copla «con sus desembarcos, viajes, etc» . Todo un lujo para los asistentes, que pudieron disfrutar de la poesía
más contemporánea de la mano de dos jóvenes talentos.

Un evento organizado por la asociación cultural El Camarote, con la colaboración de la Junta de Comunidades y la UCLM.



Diferentes miradas. Cada poetisa ofreció una breve presentación de su estilo a través de la lectura de sus obras, de modo que mientras Aranda se basa más en la experiencia vivida a lo largo de sus viajes que luego lleva al papel bajo una mirada poética para de alguna manera revivirla, Álvarez tiende más hacia mundos imaginarios con múltiples reflexiones metafísicas. Dos formas de afrontar la poesía
, género que definen como un ejercicio espiritual o «viaje interior para comprenderte mejor a tí mismo y lo que te rodea», destaca Álvarez, mientras Aranda reconoce que «un buen poema es como una buena oración».




Nota: Desde aquí mi más profundo agradecimiento a EL CAMAROTE, por su hospitalidad y su buen hacer en el mundo de la cultura, y en especial a Jesús Rubio.

jueves, 20 de noviembre de 2008

RECITAL DE POESÍA.- Ciudad Real





VIERNES, 21 DE NOVIEMBRE, 20:00 HORAS

Aula Cultural Universidad Abierta (C/ Libertad, 5-7, CIUDAD REAL)

PAPEL TIMBRADO. RECITAL POÉTICO
ASOCIACIÓN CULTURAL EL CAMAROTE

Poetas invitados: Verónica Aranda (Madrid 1982)
y Ángela Álvarez Sáez (Madrid 1981)